HAZ ALGO QUE ESTÉS DISPUESTO A MORIR POR ELLO.

IBSN: Internet Blog Serial Number 666-73-252-01


domingo, 31 de enero de 2016

Shamanismo y literatura peruana.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE CARLOS CASTANEDA, EL CAJAMARQUINO QUE INQUIETÓ LA CULTURA NORTEAMERICANA


Escribe Ybrahim Luna

“- ¿Y tú de dónde eres? –preguntó” (don Juan)
– Vengo de Sudamérica – dije” (Castaneda)
“-Es grande ese sitio. ¿Vienes de todo él?
Sus ojos me miraban, penetrantes de nuevo.
Empecé a explicar las circunstancias de mi nacimiento, pero me interrumpió.
– En esto nos parecemos –dijo- Yo ahora vivo aquí, pero en realidad soy un yaqui de Sonora.
– ¡No me diga! Yo soy de…
No me dejó terminar.
– Ya sé, ya sé –dijo-. Tú eres quien eres”.
De esta manera don Juan impedía que su aprendiz revelase su nacionalidad original, y al mismo tiempo el autor lograba aplazar, oportunamente, el enigma de su procedencia para la expectativa mundial. ¿El escenario? El misterioso desierto de Sonora o la creativa mente del escritor. ¿El libro? Uno de los más bellos producidos por el chamán del siglo XX, “Viaje a Ixtlán”, 1973.
El hombre no era muy alto, tenía rasgos fuertes y alegres, una frente ovalada, el cabello negro y los hombros macizos. No se mostraba en público ni se dejaba fotografiar. Creía en la idea de borrar la historia personal para empezar de cero y surgir como un nuevo ser: un nagual.
Dicen que se hacía pasar por mexicano o brasileño, en algunos países lo tomaban por egipcio e incluso por persa. Ese gitano del  mundo en realidad era peruano. Su nombre real es Carlos César Salvador Arana Castañeda, nació un 25 de diciembre de 1925 en la ciudad de Cajamarcacomo consta en la partida de nacimiento a la que tuvimos acceso y que permanece en los archivos de la Municipalidad provincial de Cajamarca.
1 UNO partida
La partida de nacimiento de Carlos César Salvador Arana Castañeda 25 de diciembre de 1925, quién se convirtió en EE.UU. el gurú fundador de New Age.
La partida registrada con el número 52, que luces unas enmohecidas cintas adhesivas en su parte inferior, data del 26 de diciembre de 1925. Un día después de navidad y dice a la letra: don César N. Aranade profesión joyeromanifestó unacriatura nacida el veinticinco de “Dibre” de mil novecientos veinticinco a las nueve a.m., en la ciudad de Cajamarca,llamado Carlos Cesar Salvador Aranahijo natural del Declarante y de Doña Susana Castañeda.  Firman el Alcalde, el declarante, los testigos y el Jefe de sección. Esta información se corrobora con la partida de bautismo N° 1157 asentada en la Parroquia del Sagrario un año después, el 26 de diciembre de 1926, y que figura en los archivos del Obispado de Cajamarca. En este documento ya se omite el tercer nombre “Salvador”. En documentos posteriores como constancias de notas de los años 1940, 41 y 42 en los archivos del Colegio San Ramón, su nombre aparece como “César” o “César S.”, incluso con correcciones a mano sobre letras mecanografiadas.
Su partida de bautismo de 1926, y sus notas en el curso de Inglés de 1940.
Su partida de bautismo de 1926, y sus notas en el curso de Inglés de 1940.
El resto de la historia, al menos la oficial, se arma como un rompecabezas gracias al testimonio de sus compañeros y amigos cajamarquinos, limeños y mundiales. Castaneda estudió en el emblemático colegio San Ramón de Cajamarca y concluyó su formación en la ciudad de Lima en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Más tarde tentó las artes plásticas (donde fue amigo del escultor Víctor Delfín) en la Escuela de Bellas Artes, y tras la muerte de su madre, viajó a los EE.UU.
Promoción de Castaneda en el Colegio San Ramón de Cajamarca 1941. En círculo rojo nuestro personaje, en círculos blancos sus compañeros entrevistados para esta crónica Juan Jave Huangal y Alejandro Vélez Abanto. (la foto original apareció en la crónica de Arturo Granda en la revista Etiqueta Negra).
Promoción de Castaneda en el Colegio San Ramón de Cajamarca 1941. En círculo rojo nuestro personaje, en círculos blancos sus compañeros entrevistados para esta crónica Juan Jave Huangal y Alejandro Vélez Abanto. (la foto original apareció en la crónica de Arturo Granda en la revista Etiqueta Negra).
En de San Francisco se inscribe en Los Angeles City College en escritura creativa y periodismo. Logra graduarse como Bachelor of Arts en la UCLA y se doctora en Antropología.
“- Poco a poco tienes que crear una niebla a tu alrededor; debes borrar cuanto te rodea hasta que nada pueda darse por hecho, hasta que nada sea ya cierto. Tu problema es que eres demasiado cierto, tus empresas son demasiado ciertas. No tomes las cosas por hechas. Debes empezar a borrarte”. “-Siempre supiste mentir -dijo él-. Lo único que faltaba era que no sabías por qué hacerlo. Ahora lo sabes”. (Viaje a Ixtlán)
Para borrar su rastro, el cajamarquino tomó su segundo apellido como principal, obviando el paterno: Arana; el materno: Castañeda, perdió la eñe al nacionalizarse estadounidense en 1959 y por interés de sus editores gringos. Sus amigos peruanos preguntarían, entonces, por César Arana, pero del otro solo se hablaba de un Carlos Castaneda.
La poeta Rocío Silva Santisteban nos cuenta que su padre, el reconocido antropólogo Fernando Silva Santistevan, conoció a Castaneda cuando este solo era un chico común y corriente al que apodaban el negro Fashturo, y a quien solía ver por la entonces plazuela José Gálvez de Cajamarca o en las escaleras de la plaza San Pedro contando historias que él mismo inventaba. A ese chico le gustaba mucho el fútbol, el dibujo y aprender inglés. Nadie intuía su luminoso futuro.
“Por todo el valle donde vivíamos. (…) El grito súbito de un halcón me despertó. Abrí los ojos sin hacer ningún otro movimiento, y vi un ave blancuzca encaramada en las ramas más altas del eucalipto”.  Castaneda describe en uno de sus libros una anécdota de su infancia pintando una perfecta campiña cajamarquina.
El Dr. Luzmán Salas Salas, docente cajamarquino, nos recibe en la biblioteca de su casa. Para él no hay duda de la procedencia de Castaneda y nos dice que sus compañeros de colegio, como Juan Jave Huangal o el ceramista Alejandro Vélez, aún deben recordarlo. En uno de sus ensayos revela: “Su prima hermana, la señora Lucy Chávez Castañeda, esposa de Carlos Arana de la Rocha, en entrevista personal que nos concediera en el año 2004, en Lima, nos refirió: “Carlos César era un niño introvertido; frecuentemente se encerraba para leer sus revistas preferidas “El Fausto”, “El Peneca”, “Aquí está”; dejaba funcionando el tocadiscos mientras dormía; le gustaba el idioma inglés; mi padre le compró discos en inglés; no participaba de las reuniones familiares y se aislaba en su cuarto para leer; era muy fantasioso y contaba muchas historias inventadas. Nació en Cajamarca en la casa ubicada en la esquina de los jirones Dos de Mayo y José Sabogal”. Salas nos comparte fotos de la infancia y juventud de Castaneda que le fueron proporcionadas por la misma Lucy Chávez. Fotos como estas vieron la luz inicialmente en una excelente crónica del periodista Arturo Granda en la revista Etiqueta Negra.
4 cuatro
Sus amigos y compañeros entrevistados en la actualidad, Juan Jave Huangal y Alejandro Vélez Abanto, ambos de 89 años.
Llueve a cántaros en la Cajamarca en meses que no son de lluvia. Tras la tormenta cae la noche. En la zona alta de la ciudad nos reunimos con Juan Jave Huangal, profesor jubilado de 88 años y risueño anfitrión de una casa de techo alto y paredes gruesas. Jave fue compañero de aula de Castaneda en el colegio San Ramón y conoció a sus padres y a su prima hermana. Tiene recuerdos de él allá por los años 30, cuando el centro de Cajamarca era un pañuelo y todo el mundo se conocía y los alrededores estaban llenos de chacras y fincas. “Era un gran fabulador y estudioso a la vez”, nos dice. Lo describe como un niño correcto pero con las palomilladas normales de la edad. Le gustaba jugar el fútbol con sus zapatos planos, jalar choclos de su huerta y amarrar los ponchos de vecinos a manera de broma. Jave recuerda que a los de su salón, el “B”, les decían los soquetes, por su tamaño; y en venganza, a los del “A” los llamaban los eunucos.
Jave asegura que Castaneda, ya adolescente, partió a Lima en el año 43, y se estableció en una casa en el pasaje Villacampa, en el Rímac. Jave también se mudó a Lima y vivieron a unas cinco cuadras de distancia. En Lima Castaneda iba al cine y soñaba con conocer ese inquietante mundo en inglés que se proyectaba el ecran. En una ocasión Castaneda lo convenció de enrolarse en el ejército estadounidense ya que el país del norte necesitaba reservas ante un posible conflicto bélico. Ambos fueron a probar suerte a la embajada norteamericana. Castaneda salió mejor parado en la prueba de inglés pero ninguno de los dos fue a la guerra. Castaneda partiría años más tarde en barco hacia EE.UU. desde el puerto del Callao (entre 1949 y 1951) y Jave no supo más de su amigo por varias décadas hasta que algunas publicaciones revelaron su historia e identidad; entonces Jave leyó las obras del chamán y revivió el cariño por su querido Fashturo de la infancia. Desde entonces lo han buscado investigadores de Argentina, Francia e Italia para hablar del tema. Sobre la autenticidad de la obra de Castaneda, Jave cree que en algún momento su amigo se “chimbó” por consumir plantas alucinógenas.
Otro compañero de colegio, y quizá el único que Castaneda recrea como un personaje con apellido propio en uno de sus libros, es el reconocido ceramista Alejandro Vélez Abanto. A sus 89 años Vélez sigue trabajando en su taller, mantiene un gran afecto por su querido Fashturito, y nos cuenta que Castaneda fue un chico educado, un caballerito. Vélez recuerda cuando ambos iban a pescar shaganes (peces de 5 u 8 centímetros) al río Chonta con sus anzuelos caseros. Una técnica casera recomendaba moler una planta de barbasco y esparcir los restos en el agua para atontar a las criaturas acuáticas. No funcionó. Los peces eran pequeños y se aferraban tan bien a las piedras del fondo que mejor estrategia resultaba capturarlos con las manos. Castaneda en su libro “El lado activo del Infinito” cuenta una anécdota que Vélez reconoce en parte pero que confirma al instante, salvo por el nombre cambiado que era una estrategia demasiado peculiar en Castaneda: “Se llamaba Armando Vélez…en resumen un niño viejo. Los dos salíamos a pescar juntos. Pescábamos peces muy pequeños. (…) Debido a su comportamiento extremadamente digno, lo llamábamos Señor Vélez, pero el “Señor” se abreviaba a “Sho”, una costumbre típica de la región de Sudamérica de donde vengo”.
Dicha anécdota también relata que el niño Vélez lo retó a acompañarlo en una balsa siguiendo la ruta de un río peligroso que desembocaba en una caverna donde tendrían un desenlace fatal. No hubo tal desenlace. Sin embargo Vélez recuerda que en cierta ocasión utilizaron unos troncos de maguey, cruzados y amarrados, a manera de embarcación, y que cerca del río donde flotaban serenamente se ubicaba la cueva del Diablo, siempre llena de murciélagos. Vélez vio por última vez a su compañero César Arana en Lima, en 1945. Recuerda que su amigo se estaba preparando para postular a la universidad. Aquella vez hablaron poco y se despidieron. Nunca se volvieron a ver. Jave recuerda que a los de su salón, el “B”, les decían los soquetes,por su tamaño; y en respuesta, a los del “A” los llamaban los eunucos.
Izquierda: Cajamarca, Finca del abuelo de Castaneda, a donde el pequeño iba a jugar, hoy un jardín de niños. Derecha: casa donde vivió el pequeño Castaneda, a una cuadra de la plaza de Armas de Cajamarca, hoy un hotel.
Izquierda: Cajamarca, Finca del abuelo de Castaneda, a donde el pequeño iba a jugar, hoy un jardín de niños. Derecha: casa donde vivió el pequeño Castaneda, a una cuadra de la plaza de Armas de Cajamarca, hoy un hotel.
La docente Rosa Gaitán Rocha, quién comparte primos hermanos con Castaneda por vía materna, nos muestra la que fue la finca del abuelo del escritor y hoy es un jardín de niños que ya no conserva ni siquiera una pequeña edificación de adobe y tejas del espacio original. Rosa se autodefine como una fans de Castaneda y nos dice que para conocerlo no solo hay que leerlo de forma lineal, sino hay que entender sus enseñanzas de manera filosófica y vivirlas de manera divertida. Para ella entender al chamán es un hobby. Rosa nos aclara que el  padre de Castaneda, el joyero y relojero César Arana, adoraba y admiraba a su hijo y sabía que llegaría muy lejos, por ello siempre lo incentivó en el campo intelectual y físico, compartiéndole libros de autores españoles e italianos o comprándole aparatos para hacer ejercicios.
En el florido patio de su casa, Rosa nos da su testimonio sobre Castaneda: “Él fue hijo de antiguas familias cajamarquinas. La mayoría cree que es mexicano. En mi opinión sí es mexicano, porque nadie como él dio a conocer el toltecayotl que es la filosofía, el conocimiento del mundo y de la vida que guió a los legendarios toltecas. Esta forma de vivir la vida hoy emerge deslumbrante, victoriosa, con mucha fe y lista para servir a los hijos de los hijos de los antiguos abuelos prehispánicos de toda nuestra América Latina, ahora que vivimos el colapso de la civilización occidental y la degradación de los seres humanos. Quiero decirle al mundo que mi paisano cajamarquino ha sido leído por millones de personas en todo el mundo, tiene décadas en el mercado de los best-seller y ha sido traducido a más de 20 idiomas”.

Ya en EE.UU., el cajamarquino tocó varias cimas luego de padecer varias dificultades. Al inicio vendió hamburguesas, fue taxista y hasta peluquero.
Sus experiencias de vida con el brujo yaqui, don Juan Matus, en el caluroso desierto de Sonora (entre EE.UU. y México), y el consumo peyote, plantas y hongos alucinógenos (cactus, daturas, yerba del diablo) lo llevaron a escribir varios libros sobre los “estados de realidad no ordinaria” (convertirse en cuervo, hablar con coyotes, volar) a los que uno puede acceder para “detener el  mundo”, además de los sacrificios, el aprendizaje y la disciplina espiritual para llegar a ser un hombre de conocimiento. Su libro más famoso y base de su tesis en antropología (publicado como no-ficción en 1968) fue “Las enseñanzas de don Juan, una forma yaqui de conocimiento”. Libro que se convertiría en un éxito internacional con millones de ejemplares vendidos y que hasta hoy hace presencia en las librerías más disímiles del mundo. La primera versión en español fue prologada por el escritor Octavio Paz.
Castaneda antes de partir a EE.UU. aproximadamente 1951, arriba derecha: carátula del libro en castellano de "Las enseñanzas de Don Juan" (1968 en inglés, 1974 en castellano). al lado abajo: histórica portada de la revista TIME sobre Castaneda 1973.
Castaneda antes de partir a EE.UU. aproximadamente 1951, arriba derecha: carátula del libro en castellano de “Las enseñanzas de Don Juan” (1968 en inglés, 1974 en castellano). al lado abajo: histórica portada de la revista TIME sobre Castaneda 1973.
Otros libros: “Una realidad aparte” (1971), “Viaje a Ixtlán” (1973), “Relatos de poder” (1975), “El don del águila” (1981), “El fuego interno” (1984), “El arte de ensoñar” (1993), “Pases mágicos” (1999); entre otros.
Su obra ha sido considerada como un quiebre cultural en el campo de las ciencias sociales. El mismo Castaneda es calificado como padre de la antiantropología, un gurú post hippie, o como “El Padrino de la Nueva Era” (New Age) por la revista Time. Aunque para muchos solo fue uno de los más geniales embaucadores de la historia, el hombre que creó, sabiendo que toda era una manipulación, un nuevo mundo al que la desencantada cultura occidental admiraría por ser una forma de religión que planteaba lo inalcanzable como práctica común: el poder de ser y hacer más allá de nuestros simples sentidos. Un nagual, por ejemplo, es un brujo que puede transformarse a voluntad en cualquier animal.
Entre los admiradores de este iluminado cajamarquino se encuentran John Lennon, Deepak Chopra, William Burroughs, Federico Fellini, Jim Morrison, entre más nombres famosos. Entre los detractores que lo conocieron personalmente y lo catalogaron de advenedizo están Alejandro Jodorowsky o Timothy Leary (el zar del LSD), para muestra. Las referencias en la cultura popular sobre el chamán son innumerables, y van desde canciones del compositor argentino Luis Alberto Spinetta hasta un capítulo de Los Simpsons, donde el personaje Homero conversa con un coyote luego de consumir chiles picantes y alucinógenos.
En un capítulo de “Relatos de Poder”, mientras Don Juan y Carlos observan la irremediable muerte de un hombre citan al poeta peruano César Vallejo con “Piedra negra sobre una piedra blanca”.
“Ella (Yoko Ono) es mi Don Juan…yo soy su aprendiz”, dijo John Lennon en una entrevista para la revista Playboy en los años 80. El director de Star Wars, George Lucas, también reconoció haber leído las alucinantes historias de Castaneda. Para sus colegas guionistas es clara la relación de aprendizaje de un sabio Yoda y un inseguro Luke Skywalker, a través de “la fuerza”, con Don Juan y su aprendiz, a través del conocimiento
Muchos críticos, entre ellos escritores, periodistas y antropólogos de renombre internacional, han refutado la obra de Castaneda, catalogándola como meramente ficcional, llena de referencias genéricas, errores científicos y supuestos plagios. Pero aun así han reconocido su gran valor literario. La belleza de sus obras radica en su hipnótica sencillez y en el mágico sentido común de sus disertaciones filosóficas. Quizá el más entusiasta de sus perseguidores fue el escritor Richard de Mille.
En el 2006 una seguidora francesa de Castaneda, Janine Pinzon (seudónimo), hizo gestiones en Cajamarca para que se reconociera al chamán con una placa en el Complejo monumental de Belén (INC). En la ceremonia estuvieron presentes el alcalde y varios intelectuales. Tiempo después esa placa fue robada o removida por motivos desconocidos. Pero aún permanece, silencioso y empedrado, el Pasaje Carlos Castaneda en la parte trasera del Complejo.
Izquierda: Patio del Colegio San Ramón de Cajamarca, Derecha: Solitario pasaje "Carlos Castaneda" en el Complejo monumental Belén, luego olvidado. Hoy nadie sabe nada de ese reconocimiento.
Izquierda: Patio del Colegio San Ramón de Cajamarca, Derecha: Solitario pasaje “Carlos Castaneda” en el Complejo monumental Belén, luego olvidado. Hoy nadie sabe nada de ese reconocimiento.
Ya mayor y aislado del mundo público, Castaneda creó una disciplina bautizada con el nombre prestado de Tensegridad (Cleargreen Incorporated), fundamentada en “pases mágicos” como camino primordial al corazón del hombre, y supuestamente inspirada  por 25 generaciones de chamanes toltecas. Para muchos una mezcla improvisada de pasos de twist y karate inventados por Castaneda, para otros una práctica que cura el alma y el cuerpo con resultados sorprendentes. Se lo acusó, entonces, de ejercer manipulación emocional con sus integrantes (¿y parejas?), mujeres generalmente jóvenes y susceptibles llamadas “las brujas de Castaneda”, algunas de ellas conocidas con los sobrenombres de Taisha Abelar, Florinda Donner, Carol Tiggs, Kylie Lundahl, Talia Bey, Nury Alexander (Exploradora Azul) o Tycho Thal (Exploradora Naranja); de quienes se dice habrían desaparecido en un exilio espiritual tras la muerte de su líder.
Incluso se dice que el FBI investigaba al gurú por diversos motivos como evasión tributaria o dirigir una secta peligrosa. No hay mucha información al respecto, pero según el libro “Carlos Castaneda. Drogas, brujería y poder personal”, de  Andrés García Corneille, algo se cocinó: “Pero respecto de Castaneda, hasta el FBI tenía serios problemas con su filiación, sus datos y su paradero inmediato. Este hombre que ya solía salir de su domicilio con paradero desconocido para volver meses después a la misma dirección o mudarse a otra sin regresar jamás a la anterior, abandonando objetos personales, etcétera, era un enigma que no podía escapar al control del poderoso organismo federal”.
Sobre los hijos que tuvo (Carlton Jeremy Castaneda, Rosario Arana Lu, ¿adoptó a Patricia Lee Partin?), reales, autoproclamados o acogidos, y sobre sus matrimonios (Margaret Evelyn Runyan, Georgina Lu Corso) se puede decir que son parte natural del enigma. Sobre su vida privada se podrían escribir libros completos que sus detractores y seguidores convertirían en enciclopedias de lo absurdo o biblias de dogmas casi religiosos.
Carlos César Salvador Arana Castañeda, uno de los peruanos más universales y creativos, y quizá uno de los menos leídos en su patria y tierra natal, partió de este mundo a finales abril de 1998 en la ciudad de Los Angeles, afectado por un cáncer al hígado. Su albacea y seguidores anunciaron su deceso dos meses después de ocurrido y cuando las cenizas de su cuerpo cremado ya habían sido esparcidas, según su última voluntad, en México. No hubo un fuego interno que lo consumiera de dentro hacia afuera y lo envolviese en una luz terminal para ser llevado de este mundo a otra dimensión, como es que muere don Juan en uno de sus libros y como Castaneda previó su propia muerte.
Para sus lectores en todo el mundo no hubo tumba que visitar, ni cuerpo, ni cenizas. Castaneda se fue entre la controversia y el secretismo, legando fascinantes libros y más preguntas que respuestas.
Una última teoría plantea que Castañeda seguiría vivo, al mismo estilo de la leyenda urbana sobre Elvis Presley. La gente no vio el cuerpo del brujo ni sus cenizas, y no se hicieron pruebas de ADN. ¿Sus brujas se suicidaron o desaparecieron con él? ¿Despojarse del mito y del famoso nombre no sería acaso el último y más logrado acto de Castaneda? Para algunos el chamán huyó por última vez. Y quizá, con otros nombres y apellidos, esté disfrutando de su vejez en algún lugar apacible de EE.UU. o de ese México que amó tanto; quizá en alguna urbanización de clase media en Lima, o, por qué no, en su natal Cajamarca.
“La voz de don Juan me ordenó enfocar toda mi atención en la niebla, pero sin abandonarme a ella. Dijo repetidas veces que un guerrero no se abandona a nada, ni siquiera a su muerte” (Una realidad aparte)

(Esta es la ver

martes, 26 de enero de 2016

«Sobre nada y otros escritos», de Mark Strand: en torno a la banalidad y el vacío



La poesía como expresión de la pérdida de algo que nunca volveremos a poseer es uno de los ejes de «Sobre nada y otros escritos». Ensayos en los que vertió su pensamiento más profundo Mark Strand, uno de los grandes de la lírica canadiense


«Cde Canadá, el país donde nací, el país de mis primeros recuerdos. El país donde mis padres vivieron sus últimos años y donde están enterrados. Fue el escenario de su pena, y era tan grande, estaba tan vacío, que cada día que pasaron allí podrían darse por perdidos». Así describe a su país natal Mark Strand (1934-2014) en el «Abecedario de un poeta». Nació en la Isla del Príncipe Eduardo, aunque se educó en Estados Unidos. Pulitzer de poesía,fue profesor en las universidades de Columbia y Johns Hopkins, entre otras. Gran conocedor de nuestra literatura y también de la escrita en lengua portuguesa, tradujo a poetas como Lorca, Alberti u Octavio Paz, de quien fue un gran amigo.
Al autor de poemarios como «Tormenta de uno» u «Hombre y camello» lo conocí en Madrid, donde durante sus últimos años de vida pasó grandes temporadas. Persona de gran porte, elegante, de apariencia tímida, era un magnífico conversador y un gran lector. Su gusto abarcaba desde el mundo clásico grecolatino hasta nuestros días. Prueba de ello son los ensayos reunidos en «Sobre nada y otros escritos». Para mí hay dos grandes poetas canadienses: Strand y Anne Carson. Podría citar a otros, pero estos son suficientes para toda una literatura.
En «Sobre nada...» se reúne un grupo de interesantísimos ensayos, breves relatos y un buen puñado de reflexiones. A través de todo este conjunto adivinamos el pensamiento profundo de su autor, que ya nos avisa de que él no goza al escribir. Escritura como dolor para comprender al mundo, para comprenderse a sí mismo. Paisaje del dolor que Strand ejemplifica con Ovidio en el exilio y con Virgilio en los pasajes de «La Eneida», donde el héroe se encuentra en el Hades con alguno de sus familiares, a los que no puede abrazar.
Gran conocedor de nuestra literatura, Strand tradujo a Federico García Lorca, Rafael Alberti u Octavio Paz
La poesía como expresión de la pérdida de algo que ya nunca más volveremos a poseer. La poesía como ausencia y vacío. La muerte enseñoreándose de nuestra vida. La muerte que nos recuerda que vivimos en el tiempo, un tiempo hacia la quietud; que somos mortales, que nuestras alegrías son contadas, que ella es la única realidad en medio de las ficciones que creamos para evadirnos.

Decir lo indecible

Strand es un escéptico en todo, un sabio escéptico. Tampoco cree en la inmortalidad, una de las esencias fundamentales de la escritura y, sobre todo, de quienes la practican. La inmortalidad personal es un engaño y únicamente puede haber lo que él denomina «inmortalidad alternativa», la influencia de un poema en otros, o incluso, la única posibilidad de que un poema forme parte de la cadena de poemas que se llevan construyendo desde los inicios de la creación. Pero ese poema, esos versos, como los del resto, son anónimos. Los poemas hablan por sí mismos. ¿Qué derecho tiene el poeta a extender una propiedad sobre algo que le es ya ajeno?
Strand reflexiona sobre la belleza y la banalidad en Neruda, un esteticista de lo ordinario, y se refiere al poeta chileno como un «antídoto indoloro contra un siglo desgarrador. Su reduccionismo genial ha llevado a la gente a unas actitudes simples y autosatisfechas ante la poesía que, de otra manera, hubiera podido aplicar a otra cosa». Strand muestra este amor y este rechazo, que yo comparto, al referirse al Nobel.
Rilke es la expresión de lo indecible, es la búsqueda de ese lugar donde lo indecible ha sido dicho. Strand conoce bien cómo se construye un poema. Pero lo más difícil para el autor de «Casi invisible» no es su construcción sino su acabamiento. El final del poema es esencial, porque es lo que nos separa de nuestra ficción, pendiente de volver a la realidad sin haber sufrido ningún daño.
Strand necesita del tedio, una variedad del aburrimiento doméstico, para llevar a cabo su escritura. Su tedio no es ni el abatimiento leopardiano, ni la vacuidad baudelariana, ni el vacío, ni la desesperanza, ni la depresión; sino la dulce monotonía de la vida cotidiana, que le hace deambular por su espacio geográfico vital libremente y sin preocupaciones. Después de este tiempo como parado, detenido, ensimismado, surge de nuevo una fuente de energía que lo conduce al trabajo.

Ya lo sabemos

Para Strand, la narrativa es muy distinta a la poesía. En la narrativa las palabras se encuentran subordinadas a la acción, a la trama. Leer una novela o un relato es avanzar y el lector está mejor preparado para leer ficción porque la mayor parte de lo que se dice «ya lo sabemos». En la poesía, por el contrario, la mayor parte de lo que se dice no se sabe o es desconocido. Lo que se conoce de un poema es su lenguaje, las palabras que usa. Sólo que en un poema estas palabras parecen distintas. En un poema las palabras son la acción. Leer un poema es un ejercicio de lentitud.
La poesía inquieta, no da seguridad; es ambigua, no da certezas. La poesía es la manifestación del lenguaje en su forma más engañosa y seductora, a la vez que imprecisa. La poesía tiene múltiples significados. Un poema es la búsqueda de lo desconocido. Pero no todos los poemas tienen como propósito recordarnos lo oscuro o lo desconocido que late en nuestra experiencia. Hay otros poemas que hablan de lo conocido, de las experiencias comunes que nos hacen sentir poderosamente nuestra humanidad más carnal. El poema habla por sí mismo, nos hace creer que lo que leemos nos pertenece, rinde homenaje a los que le precedieron (yo añadiría también a los que vendrán) y rinde homenaje al pasado. Sin la poesía, dice Strand, y yo estoy de acuerdo con él, sólo tendríamos vacío y banalidad.
La poesía inquieta, no da seguridad; es ambigua, no da certezas. Es la manifestación del lenguaje en su forma más engañosa y seductora
¿Por qué el escritor, pero sobre todo el poeta, escribe unas cosas y no otras? En el fondo carecen de elección, entre el pensamiento y la mano que lo recoge hay un espacio de nadie que es donde se transforma en él mismo. Pero no sólo hay que escribir sino, sobre todo, tachar: desprenderse de lo escrito, deshacerse de la materia que pesa y quedarse únicamente con lo etéreo. En la poesía no hay un método de escritura.

Inocencia del futuro

Strand se alinea con quienes pensamos que el poema está más allá de la mera comunicación. No es su fin. El poema es una variante, a veces, de un texto sagrado, pues también busca lo inalcanzable, lo desconocido, la razón del existir que se nos ha negado desde el nacimiento. Nos da pautas para combatir a la muerte. Reinterpretando a Valéry, Strand define al poeta como un hombre que, a consecuencia de algún incidente, sufre una transformación oculta. «El incidente no es más que la propia vida y su capacidad innata -la mayor parte de las veces- para explicarse a sí mismo».
Muy interesante es el ensayo sobre la fotografía en relación con la poesía. A la foto la define como la inocencia del futuro. Fotos familiares, fotos de gentes ahora anónimas. Strand divaga sobre el «punctum» de Roland Barthes, la emoción de lo que se ha visto grabado al margen del propio sentido de la foto. Strand reflexiona sobre el poema que Rilke dedicó a su progenitor, «Retrato juvenil de mi padre», cuyos versos finales dicen así: «Tú, daguerrotipo, qué rápido te desvaneces / entre mis manos más lentamente desvanecidas». Rilke, aparentemente ensimismado, supo entender muy bien este nuevo arte todavía incipiente en su tiempo.
La foto como generadora de un poema. El poema como rescate de una foto que va haciéndose invisible con el paso del tiempo. Lo mismo le sucede a Charles Wright en «Bar Giamaica 1953-60». La fotografía sustituye a la vida y se convierte en historia. Cuando los que estaban allí ya no están. El propio poema, aparentemente más frágil, va sustituyendo a la foto; el poema como su memoria y recuerdo, no al revés.

Página en blanco

«Sobre nada...» es el último ensayo. Strand toma una cita de John Cage, «No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo», que no es original del norteamericano, sino del irlandés Oscar Wilde: «No tenía nada que decir y lo dijo». Strand entiende la nada como la página en blanco, el vacío sobre el que escribimos, el silencio sobre el cual escuchamos voces que tratamos de reproducir.
El silencio también se aproxima a la nada. La nada la «definió» Beckett como una profundidad de la mente, aquel lugar donde la luz no puede alcanzarnos. «Es difícil decir que la nada, no siendo algo, ejerza una atracción. Pero hay momentos en que siento una suerte de atracción, una especie de incitación, que no viene de ninguna parte y que podría ser la nada haciendo valer su derecho a existir, no sólo en mí sino en todas partes, para recordarnos que hemos olvidado nuestros orígenes y hemos creado ficciones sobre la inevitabilidad de nuestro ser, en lugar de celebrar el no-ser de nuestra historia verdadera…».
Strand, un gran poeta y ensayista certero que nos ayuda a iluminar nuestro torpe caminar por la tierra.
Toda la actual

viernes, 22 de enero de 2016

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO EN LIMA POR ENRICO DIAZ BERNUY

El día de ayer presenté en la Cámara Popular de Libreros  CUENTOS Y RELATOS PARA LA NOCHE.
Si, lo presenté yo solo, sin comprometer a algún amigo escritor, sin molestar a nadie. Valiéndome únicamente de mi libro. En realidad ya es una costumbre presentar mis libros sin tener a mi lado elogios solicitados. 
Es como si me sintiera intimidado de las cosas buenas que puedan decir de mi o de mi obra. Normalmente, los artistas y los escritores lo que nos sobra es ego, y eso es bueno. Pero para esos momentos cuando uno se sienta frente a un público las cosas en mí funciona diferente.
Yo respeto mucho a los escritores que si optan por presentar sus libros alrededor de varios presentadores, pero en lo personal apelo a esta postura en la que me siento más identificado. A los escritores de lima que conozco casi siempre suelo regalarles mis libros y para eso, a ellos lo puedo hacer en otro momento.  Honestamente en Lima es como una costumbre regalar su trabajo literario a los colegas. 
Y mi interés en la presentación es llegar a gente que no me conoce.  Fue una gran noche no necesariamente porque haya habido una multitud de público. Pero si hubo público.  Me hicieron preguntas sobre mi libro y también por el sello editorial que actualmente estoy administrando CERTIDUMBRE LUMINOSA una empresa joven que este 2016 ya tiene preparada una antología de escritores peruanos. 
Sobre mi libro en sí, 
Cuentos y Relatos para la noche.  160 páginas
Género:   literatura ficcional, suspenso, surrealismo, gore, abordo temas como la amistad, la soledad, antropofagia y la creación de seres sobre naturales.
Al redactarlo intenté develar con gran detalle el desarrollo narrativo, la gradación de efectos, es decir, la estructura secuencial de la historia de cada cuento, de manera que contribuya en todo lo posible a la suspensión de la incredulidad del lector, a la verosimilitud (tan apreciada o más que la propia originalidad según señala Edgar Allan Poe); lo que pretendo suscitar en el lector es el suspenso, y está de sobra demostrado que a tal efecto prima una mecánica lenta y gradual algo que por mi parte he tratado de dar al lector.
Agradezco mucho al público que tuvo la gentileza de asistir.

En especial al escritor que administra y hace posible que en la Càmara Popular de Libreros exista un espacio para la difusión literaria. Rafael Alvarado  y al poeta Rodolfo Moreno.

* ¡Gracias!






martes, 19 de enero de 2016

Edgar Allan Poe en su aniversario.

Doscientos siete años no son ninguna tontería para ser el gran maestro del terror. A estas alturas del día seguramente todos sabemos que hoy habría sido el cumpleaños del gran Edgar Allan Poe, ese hombre de mirada atormentada que tan bien jugaba con el miedo y la obsesión de la mente humana.
Si habéis leído nada de su obra, hoy puede ser un buen día para hacerlo. Y también para dejar volar la imaginación y atrevernos con un género tan complicado como es el terror.
Así que voy a reproducir aquí un ejercicio de escritura creativa que he podido encontrar en los talleres de redacción creativa que se ve por internet. Estoy seguro que puede servirnos para dedicar un rato hoy a pensar en esta genial figura de la literatura. Y por que no decirlo, a desarrollar un poco la vena literara que alguien pueda tener.
Aquí, un pequeño texto de Poe que es, además, muy especial:
1 de enero de 1796. Hoy, mi primer día en el faro, anoto esta entrada en mi Diario, tal como acordé con De Grät. Mantendré el diario tan regularmente como pueda, aunque nunca se sabe lo que pueda sucederle a un hombre solo como yo; podría enfermar, o algo peor… ¡Hasta ahora todo va bien! El velero se salvó por poco, pero ¿por qué detenerme en eso, ya que estoy aquí, a salvo? Mi ánimo empieza a revivir, ante la sola idea de hallarme, por primera vez en mi vida, totalmente a solas; ya que, desde luego, Neptuno, pese a su tamaño, no debe ser considerado “sociedad”. ¡El cielo no quiso que yo encontrase en la “sociedad” solo la mitad de lealtad que hay en este pobre perro! Pues en tal caso la “sociedad” y yo no tendríamos por qué habernos separado, por todo un año… Lo que más me sorprende, es la dificultad que tuvo De Grät en obtener para mí este destino, ¡siendo yo un noble del reino! El Consistorio no tendría duda de mi capacidad para manejar el fanal. Un hombre solo había cuidado de él hasta ahora, y lo hacía tan bien como los tres que se ocuparon antes que él. Mis obligaciones son sencillas, y las instrucciones impresas no podían estar más claras. Nunca lo habría hecho de dejar que Orndoff me acompañase. Nunca hubiera podido dedicarme a mi libro estando cerca de él, con sus chismes intolerables, por no hablar de su eterna pipa de espuma de mar. Además, deseo estar solo… Es extraño, nunca, hasta este momento, me había percatado de cuán lúgubre sonido tiene esta palabra: ¡”Solo”! Deben de ser fantasías mías que haya creído notar un extraño eco tras estos muros circulares, pero ¡oh, no! Esto son tonterías mías. Acabaré perdiendo la tranquilidad con tanto aislamiento. Pero eso nunca va a suceder. Aunque no he olvidado el vaticinio de De Grät. Ahora, voy a comprobar la linterna y luego echaré un vistazo a los alrededores, a ver «qué se ofrece a mis ojos»… A ver qué puedo encontrarme de hecho… No mucho… El oleaje está amainando un poco, creo; el cúter hallará una dura travesía de vuelta a casa. Seguro que no tendrá a la vista las costas de Norland antes del mediodía de mañana, y no estarán a más de 190 o 200 millas.
2 de enero. He pasado el día de hoy en una especie de éxtasis que me parece imposible describir. Mi pasión por la soledad difícilmente podría haber sido mejor satisfecha. No debiera decir satisfecha, aunque creo que nunca experimentaré un placer semejante al que he experimentado hoy… El viento se calmó hacia el amanecer, y por la tarde la marea estaba muy baja… Nada que observar con el telescopio, nada más que mar y cielo, y alguna gaviota ocasional.
3 de enero. Calma chicha durante todo el día. Hacia el atardecer, el mar parecía un espejo. Algunas algas marinas se ofrecieron a la vista, pero, aparte de eso, absolutamente nada en todo el día, ni siquiera la más mínima traza de nube… Ahora me ocupo de explorar el faro… Es altísimo, me cuesta trabajo subir sus interminables escaleras, unos 160 pies, diría yo, desde la línea de bajamar hasta lo alto del fanal. Desde lo más profundo en el interior del eje, sin embargo, la distancia hasta la cúspide es de 180 pies por lo menos, por lo tanto el piso se adentra 20 pies bajo la superficie del mar, incluso estando la marea baja… Opino que el interior hueco de la parte inferior debería haber sido rellenado con mampostería maciza. De este modo, sin duda el conjunto hubiese quedado más sólido. Pero ¿qué estoy pensando? Una estructura de este tipo ya es lo suficientemente segura en cualquier circunstancia. Debería sentirme a salvo en su interior, incluso si la azotase el más feroz de los huracanes, y sin embargo, he oído decir a los marineros que de vez en cuando, con el viento del suroeste, el mar en este sitio se ha sabido que ha restallado más alto que en cualquier otro lugar, con la única excepción de la boca occidental del Estrecho de Magallanes. Ningún mar, sin embargo, podría oponerse a este muro de sólido hierro remachado que, a 50 pies de la línea de pleamar, tiene cuatro pies de espesor, si esto es una pulgada… La base sobre la que descansa la estructura parece ser de roca caliza…
4 de enero
Y aquí termina el texto. Si bien no tiene título, normalmente se hace referencia a él como El faro. ¿Que por qué no está terminado? Porque nuestro querido maestro murió poco después de comenzarlo. No queda muy claro si en un delirium tremens, si de un ataque al corazón, de epilepsia… dejad volar vuestra imaginación como lo haría él.
Pero voy al grano. Tenemos un ambiente que invita al terror. Tenemos un relato inconcluso del maestro. Y tenemos nuestra mente con una interminable lista de miedos —y, si con esos no son suficientes, os dejoaquí una lista interesante—.
¿Y si nos atrevemos a concluir este relato? ¿Qué sucedió el 4 de enero? ¿Y más adelante?
Para continuar esta historia es importante que tengamos en cuenta algunas claves para escribir terror:
1.Escoge el miedo. No es necesario que sea raro o sobrenatural, tú eliges. Recuerda que si es un miedo que conoces bien, será más fácil transmitirlo y te dará más posibilidades de empatizar con el lector de tu relato porque podrás hacer razonable ese miedo y lograr que él lo sienta con mayor intensidad.
  1. Pon la ambientación al servicio del miedo. En esto ya te ha ayudado el maestro Poe. Escoge muy bien lo que vas a dejar ver, lo que vas a ocultar deliberadamente y lo que irás mostrando más adelante, además de cómo lo harás. Juega con la sensación de inseguridad y suspense.
  2. Crea personajes fuertes, pero con debilidades. Si son demasiado asustadizos diluirás el terror. Si son demasiado fuertes no será fácil que el lector empatice con ellos. Por eso es mejor que tengan pocos temores o miedos escondidos. La inseguridad que estos les genere será, entonces, una vía única y eficaz para incrementar la sensación de indefensión hasta destruirlos —si así lo deseas—. Por supuesto, en este caso, ya tenemos al narrador de la historia, que se encuentra en el faro. Analicemos su forma de expresarse para pensar en qué miedos ocultos podemos atribuirle.
  3. Haz crecer el suspense hasta llegar al terror. Aprovecha la situación tranquila y de soledad que ha creado Poe en su texto. Busca un pequeño desencadenante del que partir. Y, a partir de ahí, incrementa la sensación de incertidumbre jugando con pequeños y chocantes descubrimientos. Prepara bien el descubrimiento final para que genere auténtico pavor.
  4. Busca un final a la altura. Vale, a la altura de este autor puede que sea difícil, pero al menos vamos a intentarlo. En cualquier caso, recuerda que las historias de terror no suelen acabar bien o, al menos, no del todo. El trauma puede haber concluido, pero el miedo y la amenaza pueden haber sobrevivido.
  5. Comparte tu relato. Déjalo en forma de comentario al final de este artículo. Si lo deseas, muévelo también por tus redes y hagamos del día de hoy un escalofriante #homenajeaPoe.