Yo soy la luna que
cubre su mirada
Mi condena era algo parecido al fondo de un golfo marino de
un atardecer sin ruidos, en ese silencio por fin sentí la ley de mi pasado… Luego el tiempo pasó y su limbo poco a poco
quedó tumbado y perecedero de tanta hambre…
Mi condena no fue el tiempo que no la tuve, sino la vida inerrante que me hizo vivir otra vida
jamás soñada, entonces, mi condena fui yo mismo y no ella. Pero el túnel no fue eterno y con ese fin
surgí del silencio como un poeta.
En ese descanso alguien vino a mi vida con su mirada perfecta
y esa frescura en cada palabra que sus labios me abrazaban con su calor y era tímida pero su calor
persistía tenía Azúcar y lámpara en su sombra.
Luego la arquitectura tuvo un umbral alumbroso entre consejos y encrucijadas.
Azúcar clara con sus palabras alumbró todos los suspiros de mi silencio. Y ella seguía tejiendo,
seguía esperando poco a poco, seguía tímida, y eso me gustó de ella. Me contaba sobre el aullido de los perros… sobre
el cine y las leyes químicas.
Mi retrato fue el amor a mi hijo y eso creo que le gustó y mi condena se extendió hacia ella cuando ya
la estaba amando con un aire nuevo que renovaba una canción distinta en mi vida
y aun no la tocaba, aun la miraba a la
distancia y huyente de toda acción mis palabras instrumenta la historia de dos
almas…
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