Orígenes

Estimados lectores con placer y profundo aprecio a la literatura los invito a descubrir mi blog Café y escrituras con humo, un espacio donde la literatura respira con una libertad genuina, y donde cada cuento, relato o poema está tejido con esmero, ofreciendo mundos y personajes que buscan resonar en el alma. Es un rincón de lucidez y libertad de expresión, donde no existe censura ni rechazo, (ni de editoriales ni de fanzines) sino un llamado sincero a explorar juntos las profundidades de la imaginación y del pensamiento. Los textos son gratuitos y siempre bienvenidos a nuevos ojos, con la esperanza de que encuentren en ellos una chispa de inspiración o reflexión. ¡Los invito a tomar una pausa, servirse una buena taza de café, y sumergirse en la esencia de cada relato! , poema o artículos de mi autoría o de los escritores invitados. A continuación, dejo el índice del contenido:
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domingo, 8 de marzo de 2026



 


Escribe: Jesus Mesa. Articulo---------- El profesor que predijo el regreso de Trump y la guerra con Irán

 

El profesor que predijo el regreso de Trump y la guerra con Irán

Profesor
El historiador Jiang Xueqin imparte una conferencia sobre la política exterior estadounidense y los riesgos estratégicos de una posible guerra con Irán durante una sesión teórica de 2024 que ha s... | Historia Predictiva vía YouTube/Historia Predictiva vía YouTube
Jesús Mesa
Por 

Reportero de Política

Una conferencia de hace un año del historiador afincado en Pekín Jiang Xueqin está ganando renovada atención en línea a medida que aumentan las tensiones entre Estados Unidos e Irán, reflejando las predicciones que hizo sobre una futura guerra bajo una segunda presidencia de Trump.

La conferencia de Jiang de mayo de 2024, parte de su serie "Historia Predictiva" en YouTube, argumentó que una nueva administración Trump se vería empujada hacia la guerra con Irán debido a la presión política de un poderoso lobby israelí, los intereses saudíes y la dependencia de Estados Unidos de la hegemonía global para obtener beneficios económicos.

La conferencia, originalmente destinada a la enseñanza académica, se ha hecho viral en las redes sociales a medida que los combates entre Irán e Israel se intensifican y las tropas estadounidenses se ven cada vez más involucradas en el conflicto regional.

Por qué importa

Las tensiones entre Estados Unidos e Irán se han intensificado drásticamente tras una serie de acciones militares relacionadas con infraestructuras nucleares y represalias regionales. El domingo, Estados Unidos lanzó la "Operación Martillo de Medianoche", una ofensiva sorpresa dirigida a tres importantes sitios nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahán.

En medio de crecientes temores a un conflicto regional más amplio, Trump anunció el lunes que se había negociado un alto el fuego tentativo entre Irán e Israel mediante la mediación catarí. Sin embargo, la tregua pareció flaquear poco después, ya que ambos países continuaron intercambiando fuego. Trump reprendió públicamente a ambas naciones por socavar el acuerdo que él había conseguido.

Qué saber

En una conferencia del 29 de mayo de 2024—cuando Joe Biden aún era presidente y antes de que Trump sobreviviera a dos intentos de asesinato—el historiador afincado en Pekín Jiang Xueqin esbozó un escenario impactante para una futura guerra entre Estados Unidos y Irán. La conferencia, y la página de YouTube del historiador, pasaron prácticamente desapercibidas durante un año, generando solo unas pocas visualizaciones. Ahora, mientras la realidad alcanza su predicción, la conferencia se está volviendo viral. Su página ha acumulado más de 100.000 suscriptores en tres días.

Jiang outlined a scenario he called "Operation Iranian Freedom"—a joint invasion by the U.S., Israel, Saudi Arabia, and allies including the UK and UAE. He suggested Trump would justify the war by pointing to Iran's nuclear program, proxy attacks, threats to allies, and a call to spread democracy.

These themes were reflected in Trump's recent speeches and posts, which invoked terrorism, nuclear threats, and support for Israel as grounds for military involvement.

Professor
Historian Jiang Xueqin lectures on U.S. foreign policy and the strategic risks of a potential war with Iran during a 2024 classroom session that has s... | Predictive History via YouTube/Predictive History via YouTube

"Israel becomes the top dog in the Middle East," he said. "If Iran and the U.S. are both weakened, there is no counterbalance."

Jiang's core warning was about "boots on the ground" military action: that U.S. troops, once deployed into Iran's mountainous terrain, would be "hostages, not soldiers," unable to mass forces, protect supply lines or escape. He estimated that conquering Iran would require "at least 3 to 4 million soldiers," far beyond the U.S. military's capacity, especially given its reliance on outsourced manufacturing and low recruitment.

The transcript of the class details how Jiang led students through a game-theory breakdown of key players—Trump, Iran's Revolutionary Guard, Israel and Saudi Arabia—and their incentives. He concluded that all actors had reasons to provoke conflict, but with radically different endgames.

Jiang compared the potential outcome to the Athenian invasion of Sicily in 415 BCE and the U.S. involvement in Vietnam and Ukraine. In each case, he said, overconfidence, poor supply logistics and a lack of domestic or local support led to failure. "They thought they were gods," he said of U.S. military planners. "But you're not God—and if you think you are, you get into a lot of trouble."

The lecturer also emphasized that a nuclear threat would be Trump's fallback if U.S. troops became trapped. Jiang imagined Trump threatening Tehran with annihilation if American forces were not allowed to leave safely. To prevent this, Jiang argued, Russia would likely declare a nuclear red line—promising to retaliate against any nation, including the U.S., that deployed nuclear weapons in the region.

"If Putin says that, he's a hero," Jiang told students. "He saved humanity. But because he says this, the United States is now trapped."

Yet the viral spread of Jiang's video has not gone unchallenged. On Reddit's r/Military forum, some commenters have criticized both his methods and past remarks. "Even a broken watch is right twice a day," one user wrote, pointing out that given the number of self-proclaimed geopolitical forecasters online, one of them was bound to get a scenario partially correct.

Another commenter, referencing Jiang's citation of game theory, said, "He makes some interesting predictions, but it's based on a lot of assumptions, historical examples that are out of context, and 'game theory' that he often cites but never demonstrates."

What People Are Saying

Trump said in a post on Truth Social on Tuesday: "ISRAEL is not going to attack Iran. All planes will turn around and head home, while doing a friendly "Plane Wave" to Iran. Nobody will be hurt, the Ceasefire is in effect!"

El vicepresidente J.D. Vance publicó en X, anteriormente Twitter: "Gracias al audaz liderazgo del presidente Trump, el programa nuclear iraní ha sido aniquilado y la Guerra de los Doce Días ha terminado. Este es un momento histórico y un paso enorme hacia una paz duradera en Oriente Medio."

¿Qué pasa después

Sin confirmación oficial ni de Irán ni de Israel, y con hostilidades continuas reportadas a pesar del alto el fuego anunciado, la paz sigue lejos de estar garantizada.

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viernes, 6 de marzo de 2026

Artículo de Enrico Diaz Bernuy: ---------------------------------Marzo y el caballo de fuego...

 Kurushetra tan presente en estos tiempos... 


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“Cuando un gobernante siente que su pueblo puede

 rebelarse, declara una guerra contra otro país.” 

Napoleon Bonaparte


A mí me queda claro algo: viajar a un país próspero, donde se encuentran algunos de los mejores museos del mundo, galerías de renombre y ciudades de vanguardia atravesadas por puentes precisos que son casi obras de arte ha dejado de entusiasmarme como antes. Durante mucho tiempo imaginé esos lugares como templos de la cultura, espacios donde el arte parecía un intento por elevar la conciencia, crecer, conocerse y evolucionar… Hoy esa ilusión se ha vuelto frágil,  difuso e incierto... Yo no conozco a un artista que no haya deseado  visitar el metropolitan museum of art de New York o el sin fin de galerías que existen y oportunidades al  arte, o sus museos de arte contemporáneo.

Porque cuando uno observa el mapa político con detenimiento comprende que la prosperidad no siempre significa tranquilidad. Un país puede levantar museos magníficos, restaurar monumentos milenarios y exhibir una vida cultural intensa, pero aun así vivir bajo la permanente tensión de que en cualquier momento tomarán venganza..

La región donde se encuentra Irán es uno de esos territorios donde la historia pesa tanto como el presente. Allí la guerra no aparece solo como una posibilidad política, (dinero de por medio) sino como una memoria antigua. Desde los tiempos de la antigua Persia, (que fue un imperio, ojo), el combate formó parte de la identidad cultural. En relatos, epopeyas y tradiciones, el guerrero no solo enfrenta la muerte: la acepta como parte del destino, (la parte sagrada) un tema muy védico también.

Esa mentalidad cambia la forma de comprender los conflictos. Luchar contra una civilización con memoria militar milenaria no es simplemente enfrentar un ejército; es enfrentarse a una tradición donde el sacrificio puede ser visto como honor. El miedo —ese instrumento invisible de la guerra— pierde parte de su eficacia cuando el adversario no teme desaparecer.


Por eso, cuando pienso en visitar esos lugares admirados por viajeros y amantes del arte, ya no los imagino únicamente como vitrinas de civilización. También los veo como territorios donde la estabilidad puede romperse en cualquier momento.

Y entonces surge una inquietud inevitable: incluso bajo los puentes más hermosos y en los museos más silenciosos, la historia sigue respirando.

Por ello, en los conflictos entre pueblos, no solo se enfrentan ejércitos: también se enfrentan memorias. Luchar contra una civilización con tradición militar milenaria implica algo más complejo que medir fuerzas o tecnología. Significa confrontar una cultura donde la guerra forma parte de la identidad histórica.

La antigua Persia, cuyo poder se expresó tempranamente en el Imperio aqueménida, desarrolló una concepción del honor profundamente ligada al combate. Desde los relatos épicos hasta las crónicas imperiales, el guerrero persa aparece como alguien que no solo enfrenta la muerte, sino que la acepta como parte natural del destino. No se trata de una simple disposición a morir, sino de una visión cultural en la que el sacrificio en batalla puede convertirse en una forma de permanencia simbólica.

Para un adversario, esta mentalidad representa un desafío psicológico. La estrategia militar moderna suele apoyarse en el cálculo racional: pérdidas, logística, desgaste. Pero cuando el oponente posee una tradición donde la muerte no es únicamente temida sino también dignificada, el equilibrio cambia. El miedo —uno de los instrumentos invisibles de la guerra— pierde parte de su eficacia.

La historia muestra que los pueblos con memoria guerrera suelen concebir el combate no solo como continuidad de su pasado, sino es un tema espiritual, religioso, santo, (más allá del honor).  Las batallas no son solo episodios militares, sino capítulos de una narrativa colectiva que atraviesa generaciones. De ese modo, cada soldado siente que lucha acompañado por la sombra de sus antepasados, (puro Love).

En ese escenario, la victoria ya no depende únicamente de armas o números. También depende de comprender la dimensión cultural del enemigo. Porque cuando la guerra se convierte en tradición, cada combate deja de ser solo presente: se transforma en la prolongación de una historia que comenzó siglos atrás.

Por otro lado, jamás imaginé ver a un hombre de más de ochenta años, ultramillonario, probablemente ya usando pañales, enredado todavía en las tensiones del poder. Uno pensaría que, a esa edad, la vida debería conducirte hacia otro paisaje: un lugar de sosiego, cerca de los nietos, tal vez escribiendo memorias, o cosas interesantes, reflexiones  o las cosas que aportaste o simplemente observando con serenidad el mundo que ayudaste a construir.

Pero no. Ahí está: probablemente poseído,  o parasitado, distorsionado o extorsionado  por una maquinaria de ambición que parece no soltarlo jamás. Resulta extraño —casi grotesco— imaginar a un hombre de más de ochenta años, un ultramillonario, todavía atrapado en la lógica feroz del poder y del dinero, cuando el cuerpo ya reclama otras cosas: silencio, descanso, humanidad.

Uno se pregunta entonces si la riqueza extrema no termina funcionando como una especie de prisión espiritual. ¿siempre será asi?  Porque, ¿cómo acaba así un hombre que ya lo tiene todo? Un hombre que, en cualquier cálculo razonable de la vida, debería estar retirado del ruido del mundo, reconciliado con el tiempo, aceptando con dignidad la última curva del camino.

Y sin embargo, continúa allí, como si la ambición fuera un parásito que no envejece, que no se cansa. Pero te voy a decir algo para terminar, el hombre de cara anaranjada ya empezó a bajar de peso…


Enrico Diaz Bernuy

 




Abandoné una vez mas ser políticamente correcto, hecho que mis colegas no concuerdan conmigo,  veo que en sus muros prefieren contar chistes o quizás tengan doble nacionalidad, no lo sé, tampoco me interesa, al fin y al cabo, los colegas son los colegas.

lunes, 2 de marzo de 2026

Celebraron la interconexión mundial… hasta que todo empezó a conectarse. ---- por Enrico Diaz Bernuy ----

Cuando la guerra estalla en un punto del planeta, no lo hace en un lugar: lo hace en el tiempo. Su onda expansiva no respeta geografías ni neutralidades; avanza, pulula, merodea… como un dogma físico y metafísico, atravesando océanos, ideologías y mercados. Pensar que los territorios remotos —como los de Sudamérica frente a un conflicto centrado en el Medio Oriente— quedarían a salvo es un consuelo geográfico no una conclusión estratégica. La distancia protege del estruendo, pero no, del eco.

Desde la teoría de sistemas complejos formulada por pensadores como Ludwig von Bertalanffy, sabemos que el mundo contemporáneo funciona como una red interdependiente donde cada nodo altera al conjunto y el pixel se modifica hasta la médula.

Las guerras modernas especialmente las de escala mundial, no son eventos locales sino perturbaciones sistémicas. La economía global, la atmósfera, los océanos y las cadenas de suministro constituyen vasos comunicantes invisibles: basta que uno se fracture para que el líquido histórico cambie de nivel en todos los recipientes.

La hipótesis de un conflicto nuclear ilustra con crudeza esta interdependencia. Los precedentes históricos de Hiroshima y Chernóbil demuestran que la radiación no reconoce fronteras políticas. Las partículas liberadas pueden viajar miles de kilómetros impulsadas por corrientes atmosféricas, depositándose en suelos agrícolas, ríos o reservorios.

La teoría climatológica del “invierno nuclear”, desarrollada por científicos como Carl Sagan y Richard Turco, sostiene que múltiples detonaciones atómicas podrían lanzar tanto hollín a la estratósfera que la luz solar disminuiría globalmente durante años. No sería una guerra regional: sería un eclipse planetario.


En ese escenario, los países sudamericanos —aunque no participaran militarmente— experimentarían consecuencias tangibles. El primero de estos efectos sería energético.

Gran parte del continente depende de la hidroelectricidad; represas monumentales como Itaipú simbolizan esa confianza en el agua como músculo eléctrico. Sin embargo, la energía hidroeléctrica depende de ciclos climáticos estables: lluvias previsibles, deshielos regulares, cuencas limpias. Una alteración atmosférica global podría modificar los patrones de precipitación en la cuenca del Amazonas o reducir el deshielo en la cordillera de los Andes. La electricidad, entonces, no se perdería por un bombardeo directo  sino por una sutil desarmonía planetaria.

Aquí emerge el principio del efecto dominó económico. O el karma colectivo (que también es real). La electricidad no es solo luz: es industria, refrigeración, telecomunicaciones, transporte, banca. Si falla, todo lo demás titubea. Un descenso prolongado en la producción energética encarecería bienes básicos, afectaría exportaciones y provocaría inflación. La teoría macroeconómica keynesiana explica que los shocks de oferta —como una caída abrupta de energía— generan espirales de precios y desempleo. El resultado sería paradójico: naciones lejanas al campo de batalla sufrirían crisis internas originadas en detonaciones que jamás oyeron.

El agua, inseparable de la electricidad en este contexto, constituiría el segundo eje de vulnerabilidad. La radiación atmosférica puede contaminar precipitaciones y suelos, afectando acuíferos y ríos.

Estudios posteriores a accidentes nucleares han mostrado que isótopos radiactivos pueden incorporarse a cadenas alimentarias durante décadas. No se trata de imaginar ríos brillando en la oscuridad, sino de comprender un fenómeno más silencioso: la acumulación lenta de toxinas invisibles. La guerra moderna no solo mata; también siembra.

A nivel geopolítico, los países no beligerantes enfrentarían presiones diplomáticas y comerciales. Organismos como la Organización de las Naciones Unidas suelen coordinar sanciones, bloqueos o reasignaciones de recursos durante conflictos globales. Incluso sin participar militarmente, una nación puede verse obligada a elegir bandos económicos. La neutralidad, en tiempos de guerra mundial, es una ficción frágil: los mercados castigan la ambigüedad.

Otro factor decisivo es el comercio marítimo. Gran parte del intercambio internacional depende de rutas oceánicas que podrían militarizarse o cerrarse. La teoría de la interdependencia comercial, desarrollada por Robert Keohane y Joseph Nye, sostiene que los Estados modernos dependen tanto de las redes económicas globales que la interrupción de una sola arteria puede paralizar sectores enteros. Para países exportadores de materias primas —como muchos sudamericanos— el cierre de rutas implicaría excedentes sin comprador y divisas en retroceso. El resultado sería una recesión importada.

Pero hay una dimensión menos cuantificable y quizá más profunda: la psicológica. Las guerras mundiales transforman la conciencia colectiva aun en territorios distantes. Durante la Segunda Guerra Mundial, naciones alejadas del frente experimentaron racionamientos, propaganda y ansiedad social. El filósofo Paul Virilio afirmaba que toda tecnología de guerra es también una tecnología de percepción: modifica la forma en que la humanidad mira el tiempo y el espacio. En la era digital, esa modificación sería instantánea y determinante para el lazo psíquico que la mayoría depende de las pantallas de sus teléfonos móviles.  Las imágenes de ciudades arrasadas circularían en tiempo real, generando pánico financiero, migraciones preventivas y cambios políticos internos.

La pregunta central no es si Sudamérica sería bombardeada, sino si podría permanecer intacta. Desde la teoría ecológica global, la respuesta tiende a ser negativa. El planeta funciona como un único sistema biosférico: alterar una región altera el todo. Incluso los océanos —aparentes murallas naturales— son corredores de transferencia térmica y química (biología pura).  

Una guerra nuclear en cualquier latitud modificaría temperaturas marinas, corrientes y ciclos biológicos. La pesca, fuente esencial de alimento y empleo en muchos países costeros, podría disminuir drásticamente.

Existe además el riesgo tecnológico indirecto. Las detonaciones nucleares de gran altitud pueden generar pulsos electromagnéticos capaces de inutilizar satélites y redes eléctricas a miles de kilómetros. Un solo pulso masivo podría afectar infraestructuras digitales continentales. En un mundo donde la economía depende de datos, perder conectividad equivaldría a una ceguera súbita.

Sin embargo, la historia también enseña que las crisis globales producen reconfiguraciones. Tras las guerras mundiales del siglo XX surgieron nuevas instituciones, alianzas y paradigmas económicos. Algunos países alejados del frente se industrializaron precisamente porque la guerra interrumpió importaciones y los obligó a producir localmente. Así, la catástrofe puede ser también catalizador. La teoría schumpeteriana de la “destrucción creativa” sugiere que los colapsos abren espacios para innovaciones estructurales. No hay garantía de prosperidad, pero sí posibilidad de transformación.

El destino de las naciones periféricas en una guerra mundial dependería, en última instancia, de su resiliencia interna: diversificación energética, reservas alimentarias, autonomía tecnológica y cohesión social. La distancia geográfica ya no basta; en la era global, la verdadera frontera es la capacidad de adaptación.

Quizá la imagen más exacta sea la de un lago inmenso. Una piedra cae en un extremo —una explosión, un misil, una decisión política— y las ondas se expanden hasta tocar la orilla opuesta. Los países que creen estar lejos del impacto observan el agua tranquila y se persuaden de su seguridad. Pero la física no olvida: la onda llegará, aunque llegue convertida en apenas un temblor.

La guerra mundial, entonces, no sería un incendio lejano sino un clima. Y ningún país, por remoto que se crea, puede vivir fuera del clima del mundo.

En la conciencia tecnológica del siglo XXI, donde cada gesto humano depende de un interruptor invisible, la fragilidad energética se ha convertido en la paradoja central del progreso, (en teoría).

Una guerra mundial —aunque estalle lejos, incluso si su epicentro fuera el Medio Oriente— podría alterar el delicado equilibrio climático que alimenta las represas y cuencas de Sudamérica. No haría falta una bomba cayendo sobre nuestros ríos: bastaría una modificación global de lluvias, corrientes atmosféricas o temperaturas para reducir caudales y vaciar embalses. Las hidroeléctricas no funcionan con patriotismo ni tratados diplomáticos; funcionan con agua. Y el agua depende del clima. Y el clima, en un escenario bélico nuclear o industrial masivo, depende del humo, del polvo, de la radiación suspendida en el cielo común del planeta. 


Si la producción hidroeléctrica colapsa, no solo se apagan las ciudades: se detiene la respiración mecánica de la civilización. Sin electricidad no hay hospitales operativos, ni comunicaciones, ni transporte coordinado, ni mercados digitales. Sin agua —porque el bombeo y tratamiento también dependen de energía— la crisis deja de ser económica y se vuelve biológica. La teoría de infraestructura crítica señala que electricidad y agua constituyen sistemas madre: cuando fallan, arrastran consigo todos los demás sistemas. Son la raíz oculta del árbol moderno.

Entonces el siglo XXI, tan orgulloso de su robótica e inteligencia artificial y  satélites, podría descubrir que su verdadera columna vertebral era un río. Y si ese río se debilita, la historia retrocede. No necesariamente volveríamos literalmente a la era victoriana, pero sí a una condición pre eléctrica donde la noche vuelve a ser noche, el silencio vuelve a ser norma y la supervivencia deja de depender de algoritmos para depender otra vez del fuego, del ingenio y del pulso humano. Porque cuando la luz se extingue, el futuro también parpadea.