Orígenes

Estimados lectores con placer y profundo aprecio a la literatura los invito a descubrir mi blog Café y escrituras con humo, un espacio donde la literatura respira con una libertad genuina, y donde cada cuento, relato o poema está tejido con esmero, ofreciendo mundos y personajes que buscan resonar en el alma. Es un rincón de lucidez y libertad de expresión, donde no existe censura ni rechazo, (ni de editoriales ni de fanzines) sino un llamado sincero a explorar juntos las profundidades de la imaginación y del pensamiento. Los textos son gratuitos y siempre bienvenidos a nuevos ojos, con la esperanza de que encuentren en ellos una chispa de inspiración o reflexión. ¡Los invito a tomar una pausa, servirse una buena taza de café, y sumergirse en la esencia de cada relato! , poema o artículos de mi autoría o de los escritores invitados. A continuación, dejo el índice del contenido:
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viernes, 6 de marzo de 2026

Artículo de Enrico Diaz Bernuy: ---------------------------------Marzo y el caballo de fuego...

 Kurushetra tan presente en estos tiempos... 


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“Cuando un gobernante siente que su pueblo puede

 rebelarse, declara una guerra contra otro país.” 

Napoleon Bonaparte


A mí me queda claro algo: viajar a un país próspero, donde se encuentran algunos de los mejores museos del mundo, galerías de renombre y ciudades de vanguardia atravesadas por puentes precisos que son casi obras de arte ha dejado de entusiasmarme como antes. Durante mucho tiempo imaginé esos lugares como templos de la cultura, espacios donde el arte parecía un intento por elevar la conciencia, crecer, conocerse y evolucionar… Hoy esa ilusión se ha vuelto frágil,  difuso e incierto... Yo no conozco a un artista que no haya deseado  visitar el metropolitan museum of art de New York o el sin fin de galerías que existen y oportunidades al  arte, o sus museos de arte contemporáneo.

Porque cuando uno observa el mapa político con detenimiento comprende que la prosperidad no siempre significa tranquilidad. Un país puede levantar museos magníficos, restaurar monumentos milenarios y exhibir una vida cultural intensa, pero aun así vivir bajo la permanente tensión de que en cualquier momento tomarán venganza..

La región donde se encuentra Irán es uno de esos territorios donde la historia pesa tanto como el presente. Allí la guerra no aparece solo como una posibilidad política, (dinero de por medio) sino como una memoria antigua. Desde los tiempos de la antigua Persia, (que fue un imperio, ojo), el combate formó parte de la identidad cultural. En relatos, epopeyas y tradiciones, el guerrero no solo enfrenta la muerte: la acepta como parte del destino, (la parte sagrada) un tema muy védico también.

Esa mentalidad cambia la forma de comprender los conflictos. Luchar contra una civilización con memoria militar milenaria no es simplemente enfrentar un ejército; es enfrentarse a una tradición donde el sacrificio puede ser visto como honor. El miedo —ese instrumento invisible de la guerra— pierde parte de su eficacia cuando el adversario no teme desaparecer.


Por eso, cuando pienso en visitar esos lugares admirados por viajeros y amantes del arte, ya no los imagino únicamente como vitrinas de civilización. También los veo como territorios donde la estabilidad puede romperse en cualquier momento.

Y entonces surge una inquietud inevitable: incluso bajo los puentes más hermosos y en los museos más silenciosos, la historia sigue respirando.

Por ello, en los conflictos entre pueblos, no solo se enfrentan ejércitos: también se enfrentan memorias. Luchar contra una civilización con tradición militar milenaria implica algo más complejo que medir fuerzas o tecnología. Significa confrontar una cultura donde la guerra forma parte de la identidad histórica.

La antigua Persia, cuyo poder se expresó tempranamente en el Imperio aqueménida, desarrolló una concepción del honor profundamente ligada al combate. Desde los relatos épicos hasta las crónicas imperiales, el guerrero persa aparece como alguien que no solo enfrenta la muerte, sino que la acepta como parte natural del destino. No se trata de una simple disposición a morir, sino de una visión cultural en la que el sacrificio en batalla puede convertirse en una forma de permanencia simbólica.

Para un adversario, esta mentalidad representa un desafío psicológico. La estrategia militar moderna suele apoyarse en el cálculo racional: pérdidas, logística, desgaste. Pero cuando el oponente posee una tradición donde la muerte no es únicamente temida sino también dignificada, el equilibrio cambia. El miedo —uno de los instrumentos invisibles de la guerra— pierde parte de su eficacia.

La historia muestra que los pueblos con memoria guerrera suelen concebir el combate no solo como continuidad de su pasado, sino es un tema espiritual, religioso, santo, (más allá del honor).  Las batallas no son solo episodios militares, sino capítulos de una narrativa colectiva que atraviesa generaciones. De ese modo, cada soldado siente que lucha acompañado por la sombra de sus antepasados, (puro Love).

En ese escenario, la victoria ya no depende únicamente de armas o números. También depende de comprender la dimensión cultural del enemigo. Porque cuando la guerra se convierte en tradición, cada combate deja de ser solo presente: se transforma en la prolongación de una historia que comenzó siglos atrás.

Por otro lado, jamás imaginé ver a un hombre de más de ochenta años, ultramillonario, probablemente ya usando pañales, enredado todavía en las tensiones del poder. Uno pensaría que, a esa edad, la vida debería conducirte hacia otro paisaje: un lugar de sosiego, cerca de los nietos, tal vez escribiendo memorias, o cosas interesantes, reflexiones  o las cosas que aportaste o simplemente observando con serenidad el mundo que ayudaste a construir.

Pero no. Ahí está: probablemente poseído,  o parasitado, distorsionado o extorsionado  por una maquinaria de ambición que parece no soltarlo jamás. Resulta extraño —casi grotesco— imaginar a un hombre de más de ochenta años, un ultramillonario, todavía atrapado en la lógica feroz del poder y del dinero, cuando el cuerpo ya reclama otras cosas: silencio, descanso, humanidad.

Uno se pregunta entonces si la riqueza extrema no termina funcionando como una especie de prisión espiritual. ¿siempre será asi?  Porque, ¿cómo acaba así un hombre que ya lo tiene todo? Un hombre que, en cualquier cálculo razonable de la vida, debería estar retirado del ruido del mundo, reconciliado con el tiempo, aceptando con dignidad la última curva del camino.

Y sin embargo, continúa allí, como si la ambición fuera un parásito que no envejece, que no se cansa. Pero te voy a decir algo para terminar, el hombre de cara anaranjada ya empezó a bajar de peso…


Enrico Diaz Bernuy

 




Abandoné una vez mas ser políticamente correcto, hecho que mis colegas no concuerdan conmigo,  veo que en sus muros prefieren contar chistes o quizás tengan doble nacionalidad, no lo sé, tampoco me interesa, al fin y al cabo, los colegas son los colegas.