Dardos de un sueño
Yo revivo el temblor de una flor , a punto de encenderse en otros
colores
Y los insectos , con su cajas diminutas , de cuarzo líquido
Entre tantos verdes u ocres
Entibian las palmas sobre este estío
De tentáculos y sus respectivas líneas
Como las huellas delatoras de un planeta , uniformado, de intuiciones
malsanas
Y así se formara la garua , sobre este asfalto que a ves teje
inscripciones que no comparto
Q desgrana el timbre
Así en una ruta a cada mirada ambivalente del dogma
Su aprovechamiento , miradas de nados silenciosos como hacen los perros
Dardos que al final de una canción te vuelven expedientado
En las cautelas que aprendí , en un sueño invadido, con las fuerzas de
otras fuerzas
Que no conocía y a lo
modélico de antiguas intenciones y fuerzas entre las fuerzas a mis manos y
aquí una luz una llama de errante suspiro que
lo se eleva como hacen las flamas en el desenfreno
Para así componerme de todo lo pensado en eclosiones o los astros a los andenes me establezco y e
alejo de los que se vuelcan en temas inadvertidos en una total brevedad, levedad
Y a todo cadenas sin sentido , los erráticos , los cambiantes , los
extraviados , yo revivo el temblor de una flor a punto de encenderse para
volverla en una selva dentro de un cuarzo.
Relámpagos
de un sueño
Entre los
relámpagos se levanta una espada, y a la vez con tanto parecido al zigzag de pinceles limpísimos.
Estos actos son marchas del entusiasmo como mis lejanos optimismos sobre el
campo de las manchas. Sombras que tejen paredes hasta los
cielos. Sobre los vientos que una vez moraron en la pureza y hoy
esos mismos aires son fuegos ardientes para volver a las personas en hielo
palpitante, hieráticos.
De avisadas
falsedades y ello gira a este planeta que escribe, suelta su lenguaje con los
hilos de los relámpagos y de la misma forma lo borra todo, sobre
todo; te olvidan con los oscuros sonidos de lo
intrascendental. Lo burdo, lo superficial como una niebla aurea que solo sirve
para extirpar a los extirpados, los anquilosados, “los
aniquilados”. Los estrépitos de los leones sobre los especiales
verbos que yacen en espiral de esos vientos. Que fueron fuego y que
esos fuegos hoy solo hielan.
Así
es entender la caída de mis pensamientos. Esa nieve
color tierra que se convierte en una serpiente luminosa salida del propio
cielo. Y así, se desliza sobre los ríos de mis costas. Una época me reía del
movimiento de los indignados, una época pertenecí al bando de las estatuas que
se unen con el cielo blanco como un papel herido, (exhalaciones, yo los
entendía).
Esa misma
nieve es esquiva como quien veo a las personas ruidosas donde sus sonrisas son
de estío y dulces hipocresías, almíbar como el veneno y amantes del mendrugo
salarial. Entre ellos se compran y entre ellos se abrazan.
Por eso
labrar sobre estas lecturas para memorizar, para olvidarme de mi, para
olvidarme de ellos, para pensar en el corazón del ave que quiere escucharme
como un perro que usa pico. O como un alma que lee mi alma o para entender la
raíz de las direcciones y de las intensidades de los lóbulos al crecimiento.
Escribo
sobre los relámpagos que salen del calor de mi Manos…
Los
frutos extensos
Las almas se
ofrecen así como de un árbol con frutos extensos.
Las almas
surgen de sí, alarmas en la cúspide de unas cavidades.
Que surgen del
pavimento en un ruidoso clamor.
Desde la misma
indiferencia como quienes caminan por los sueños de alguien.
Y otros se
encuentra arrinconados en el suelo.
Probablemente
no todos eran mis mendigos, ya se ven caras extranjeras.
Las almas se
ofrecen así con otros cuerpos que no son de lo eterno sino del momento.
Ves sus surcos
en sus frentes y esas carreteras surgieron ayer.
Para clavar
palabras que no pueden pronunciar.
Pero que sus
rostros son la justificación de que todo está mal.
Las almas se
ofrecen así; de extravíos involuntarios.
Pero en el
fondo todo pinta un cuadro dramático.
No solo se
trata de esos muchachos mendigando.
Lo más
dramático es la indiferencia de los letrados.
La
indiferencia de los que autoproclaman artistas.
En sus
ensimismadas luchas cuya profundidad: es CERO.
Esa viene a
ser la mayor de las barbaries.
Por lo tanto,
las almas se ofrecen así, como de un bazar de esperanzas perdidas.
Ya nadie puede
cambiar en el estrepito de sus claridades.
La náusea pero
para ellos es néctar a elevadas y confusas
lealtades.
A vanas
i egoícas barbaries.
Sin duda esto
es el orín, la inoperancia cuyo gesto más representante es la indiferencia.
Almas como si
colgaran de los árboles.
Que se
deslizan como frutos extensos.
Y en esa
inmensidad nos miramos las caras sin sentimientos.
Las caras que
realzan la idea de no decir nada.
Y así pasarnos
la vida en la más profunda distancia.
Cuyo
merecimiento nos hace poner nuestros tronos bruñidos.
Con las cosas
que imaginamos o soñamos.
Para quedar en
una vil nada.
Mientras que
los frutos extensos en los tiempos de mi ciudad nos miran.
Y ya no hablan…
Florcitas de jasmin
El único amor
existente es el divino
y la sangre
que se eleva al cielo
en un rayo de luz extendido como florcitas de jazmín blanco
cuando yace
una explosión
todo
augura que lo divino lo gobierna….. a
pesar del caos
muy a pesar de
las dudas humanas
pero la muerte
solo rescata a los olvidados
es un rescate donde todo esfuerzo valió la
pena,
las florcitas
que antes era de jazmín blanco hoy se impregna volátiles como ráfagas de un
perfume que antes era el almíbar y el azar de una bonaza
pero hoy es mordaza , abuso y alabanza a un
mundo que licua
las florcitas
son como fosforo en un ramillete brillante que cae de todas partes para
llevarnos al estío a los que luchan y a los que no hacen nada, las florcitas de
jazmín sepultan como si las patas de una pantera negra surgiera desde las montañas
persas que luchan contra las florcitas para que todo algún día quede todo en el
mar y que esas montañas jamás sean olvidadas ----

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