‹‹Dijo que se llevaría todo lo que sería suyo››, y con esa promesa grandilocuente abre un poema (según el autor), lamentablemente, se agota en su propio ademán. Luego de esa línea inicial no vale la pena reproducir más, pues el texto se disuelve en una sucesión de frases sin espesor estético ni riesgo verbal. Predomina lo superficial, lo efectista, lo pensado más para sostener una imagen pública que para construir una experiencia poética. El autor parece apoyarse más en su notoriedad como figura mediática que en recursos literarios reales, y convierte su identidad sexual pública —expuesta con fines promocionales— (sabe vender…) en una estrategia de visibilidad que sustituye a la profundidad artística. El resultado es un poema sin trascendencia literaria, carente de densidad simbólica y de resonancia emocional, destinado a la fugacidad antes que a la memoria. Y prueba de lo superficial de lo leído, el autor termina con una sonrisita como si en verdad se burla, se burla del espectador…
Enrico Diaz Bernuy

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