Orígenes

Estimados lectores con placer y profundo aprecio a la literatura los invito a descubrir mi blog Café y escrituras con humo, un espacio donde la literatura respira con una libertad genuina, y donde cada cuento, relato o poema está tejido con esmero, ofreciendo mundos y personajes que buscan resonar en el alma. Es un rincón de lucidez y libertad de expresión, donde no existe censura ni rechazo, (ni de editoriales ni de fanzines) sino un llamado sincero a explorar juntos las profundidades de la imaginación y del pensamiento. Los textos son gratuitos y siempre bienvenidos a nuevos ojos, con la esperanza de que encuentren en ellos una chispa de inspiración o reflexión. ¡Los invito a tomar una pausa, servirse una buena taza de café, y sumergirse en la esencia de cada relato! , poema o artículos de mi autoría o de los escritores invitados. A continuación, dejo el índice del contenido:
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domingo, 24 de mayo de 2026

Por Enrico Diaz Bernuy --------- articulo...

 

En ciertos rincones culturales de este país, uno tiene la sensación de que para ser considerado un artista “serio”, “interesante” o medianamente cool, hay que llevar alguna bufanda ideológica de izquierda colgada al cuello. Como si el carnet invisible del artista moderno exigiera una dosis obligatoria de discurso rojete, pose antisistema y romanticismo revolucionario aprendido entre cafés fríos, cigarrillos y libros subrayados a medias. Si no eres zurdo —o al menos aparentas serlo— corres el riesgo de parecer un bárbaro sin sensibilidad, un burgués sin alma o alguien incapaz de comprender el dolor humano. Como si la profundidad estética dependiera exclusivamente de una orientación política.

Y no, el problema no es la izquierda. El problema es la obligación tácita de pertenecer al rebaño ideológico para no quedar fuera de la fotografía cultural. Muchos artistas terminan actuando más por aprobación grupal que por verdadera convicción. El discurso se convierte en uniforme moral. Mientras más radical la pose, mayor la legitimidad otorgada por ese pequeño tribunal de miradas cansadas y aplausos tibios. Aunque algunos, con mejor suerte o “mejores contactos”, supieron Financiar sus propias contradicciones sin demasiado pudor (la doble moral). Pero de honor casi nunca se habla. Al menos yo jamás escuché esa palabra en boca de algún “colegas”.

Porque detrás de toda esa aparente hermandad artística suele esconderse una realidad bastante menos poética. Hay gente que muere en vida dentro del mundo cultural. El arte, que debería acercar almas, muchas veces termina convirtiéndose en un territorio gobernado por el ego, la competencia silenciosa, los celos y una tristeza difícil de nombrar. La palabra “colega” se reemplaza por “amigo”, aunque al final ni amigos ni colegas terminan siendo realmente. Sobran las sonrisas diplomáticas, los saludos a la distancia, tibios y las alianzas de madrugada que duran menos que una botella vacía sobre la mesa, salvo que haya favores económicos…

Y ahí aparece el verdadero rostro del escritor, del poeta, del artista: un ser profundamente solo. Incluso aquellos que caminan en bandadas —como palomas equilibristas, empachadas y un poco cansadas bajo los cables de la ciudad— llevan en los ojos algo que los delata; conformismo, rabia, vacío, Frustración… y también miedo. Miedo a que la noche termine, a que el aplauso se extinga, a quedarse finalmente solos y miedo  frente a sí mismos.

Claro que existen excepciones. Hay artistas nobles, honestos, luminosos incluso. Pero en la mayoría de casos, el ego acaba ocupando el escenario principal. Porque el arte, aunque nazca de la sensibilidad, también brota de heridas, inseguridades y antiguas cargas familiares que algunos jamás lograron resolver.

Quizá por eso la verdadera independencia artística no consista solamente en crear, sino en resistir. Resistir la presión del grupo, la sensibilidad prefabricada, las amistades fingidas y ese pequeño teatro cultural donde todos actúan mientras intentan ocultar, la enormidad de un vacío que los persigue para que no alcancen lucidez ni mucho menos, paz…

 

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