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Orígenes

Estimados lectores con placer y profundo aprecio a la literatura los invito a descubrir mi blog Café y escrituras con humo, un espacio donde la literatura respira con una libertad genuina, y donde cada cuento, relato o poema está tejido con esmero, ofreciendo mundos y personajes que buscan resonar en el alma. Es un rincón de lucidez y libertad de expresión, donde no existe censura ni rechazo, (ni de editoriales ni de fanzines) sino un llamado sincero a explorar juntos las profundidades de la imaginación y del pensamiento. Los textos son gratuitos y siempre bienvenidos a nuevos ojos, con la esperanza de que encuentren en ellos una chispa de inspiración o reflexión. ¡Los invito a tomar una pausa, servirse una buena taza de café, y sumergirse en la esencia de cada relato! , poema o artículos de mi autoría o de los escritores invitados. A continuación, dejo el índice del contenido:
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domingo, 30 de marzo de 2025

Elegía de Enrico Diaz Bernuy

 TE FUISTE HERIDO

Rayito, te fuiste herido con una enfermedad encima, como la carga de tantos odios que fueron para mí, pero tú tuviste que absorberlo todo. Siempre me protegiste de mis hermanos y de mi hermana, siempre me demostrabas que en ninguno de ellos debía confiar. Te fuiste con tu mirada ausente, gris y herida. Ya querías descansar y ya lo habías dado todo por mí.

Infinidad de veces te llamaba amigo; otras veces, te llamaba hijo. Pero cuando te leía libros sagrados o cuando rezaba a tu lado, tus suspiros lo decían todo.

Hoy siento que he fracasado frente a una de las almas más nobles, como es la tuya. Fracasé porque no pude llevarte a los lugares que deseabas. En donde yo y mis obsesiones por mis proyectos laborales u horas frente a los cuadros te dejé a un lado.

Recuerdo que, en mi obnubilado entusiasmo por hacer videos culturales, (enseñoriado), siempre estabas a mi lado, al costado de mi escritorio, en el anonimato y el silencio como algunos artistas. En medio de mi desorden, a veces salían tus suspiros que se filtraban en el video. Jamás pude definir si renegabas por lo que hacía o simplemente estabas satisfecho de mí.

Quiero creer que sabes que yo hice lo mejor que pude. El médico veterinario subte nos falló; el otro médico veterinario de la UNI Kayetan, igual. Parece que todo estaba predestinado al fracaso.

Al final, yo ya quería que te vayas, que te vayas de ese cuerpo porque te hacía sufrir demasiado. Todos me decían que debía sacrificarte, pero no pude, y fue ahí donde se reveló con mayor fuerza el sentimiento de que eras un hijito en mi vida. Un hijo al que no pude ayudar, un hijito porque no podía sacrificarte. Y a un hijo no se le puede quitar la vida.

Y ahora, luego de dos semanas, recién puedo decir estas palabras. Aún mis lágrimas te siguen buscando en mi departamento. Nuestro departamento. O como a veces te decía, tu casa.

Te fuiste la misma semana en que llegaste, en plena temporada de festividades literarias, donde la poesía cumplía honores. No sé quién habrá decidido que aparezcas en mi vida y, luego de unos años, esa misma temporada, como si de un aniversario se tratara o un ciclo, tengas que irte.

En todos estos años casi nunca te escuché ladrar. Eras una versión evolucionada. Pero también eras destructor, te ponías descontento cuando yo salía muchas horas a la calle. Parece que te preocupabas  y me reprochabas a tu manera.

Siempre te hablaba de los humanos, de nuestras debilidades y lo peligrosos que somos. Te decía: "Yo soy tu protector de estos humanos perversos". Como diría Madame Blavatsky: "Cascarones humanos", y yo le aumentaría que solo están llenos de superficialidad e intereses.

Y tú me mirabas como si me entendieras al pie de la letra. A veces te decía: "¿Y tú también me ayudarías, tú también me protegerías?".

"Y tú suspirabas con suficiente sentimiento como para demostrar que no necesitabas palabras para afirmar la conexión que teníamos."

 Corrías  como un gladiador. Aunque tus saltos eran bruscos, tenías una intensidad propia de tu raza,   (american bully) pero con el corazón de un artista. Me hiciste viajar en el tiempo y retomar el skate. Volví a ser joven y fuerte. Tú me enseñaste a retomar y a hacerme sentir como un niño,  me enseñaste de nuevo a jugar… (lágrimas).

Dábamos paseos con el skate, en donde era como mi carruaje de guerra: yo era el auriga y tú la fuerza motora. Recuerdo nuestra última carrera, cuya bajada íbamos a muchísima velocidad. Tú corrías y, de rato en rato, volteabas para saber si estaba bien.

Ah, pero te sentías feliz de que no había perdido la técnica, no había olvidado ciertas acrobacias. Yo me sentía orgulloso de ti y siempre te cuidaba mucho. Yo riéndome te decía “gallo viejo con el ala mata” y nos poníamos a jugar.

 

Al final, me demostraste que quien cuidaba a quién eras tú,  a mí.

Pues esa misma ruta de aquel paseo tuve que hacerla solo en bicicleta, para buscar farmacia a horas de la madrugada, pensando que me estabas esperando y que ahora era el momento de corresponder tanta bondad que me diste. Se me llenaban los ojos de lágrimas, pero me contenía. Qué giros da la vida: en mostrarte aquella ruta que te dio tanta alegría, ahora es una ruta llena de preocupación por tu salud.

 

Finalmente decidiste irte echado al costado de la cascada que construí, sé que te encantaba esa cascada. Tu rostro expresivo lo decía y cuando la encendía el motor para que caiga el agua, siempre estabas ahí, como si desearas meditar y disfrutar esos momentos.

Decidiste abandonar el  cuerpo al costado de la cascada que tanto te gustaba y disfrutabas.

Adiós, mi pequeño ángel de guantes blancos.

Te llevaste una parte de mi corazón, y tú tendrás corazón de poeta, ¡por  que siempre lo has tenido! Algún día nos volveremos a conocer, aun te imagino aquí a mi lado, te extraño Rayito de Dios.

 

 Enrico Diaz Bernuy

 

 

 

 

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