Orígenes

Estimados lectores con placer y profundo aprecio a la literatura los invito a descubrir mi blog Café y escrituras con humo, un espacio donde la literatura respira con una libertad genuina, y donde cada cuento, relato o poema está tejido con esmero, ofreciendo mundos y personajes que buscan resonar en el alma. Es un rincón de lucidez y libertad de expresión, donde no existe censura ni rechazo, (ni de editoriales ni de fanzines) sino un llamado sincero a explorar juntos las profundidades de la imaginación y del pensamiento. Los textos son gratuitos y siempre bienvenidos a nuevos ojos, con la esperanza de que encuentren en ellos una chispa de inspiración o reflexión. ¡Los invito a tomar una pausa, servirse una buena taza de café, y sumergirse en la esencia de cada relato! , poema o artículos de mi autoría o de los escritores invitados. A continuación, dejo el índice del contenido:
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lunes, 2 de marzo de 2026

Articulo por Enrico Diaz Bernuy

Recientemente, una noticia conmocionó a la ciudad de Lima: un joven, aparentemente desorientado o impulsado por una razón aún desconocida, atropelló a una señorita y luego se dio a la fuga. Podría decirse que hechos similares ocurren todos los días y que, por desgracia, la violencia vial no es un fenómeno excepcional. Sin embargo, lo que intensificó el impacto social no fue solo el acto en sí, sino el perfil de los involucrados: ambos provenían de familias acomodadas y el hecho quedó registrado en video. En una época dominada por la imagen, aquello que se ve adquiere un peso simbólico mayor que aquello que simplemente sucede.


Tras la difusión de la noticia y la entrega del responsable a la justicia, el saldo es devastador: una persona fallecida, una familia destruida por la pérdida y otra familia quebrada por la culpa y la vergüenza. Pero más allá del suceso puntual, surge una pregunta inquietante: ¿por qué la cobertura mediática insiste en actualizaciones constantes, como si todo el país girara alrededor de la tragedia de esas dos familias? La respuesta posible reside en un fenómeno psicológico y social profundo: el morbo colectivo.

El morbo no es solo curiosidad malsana; es también un indicador cultural y sobre todo un indicador del estado de salud mental de una sociedad… (esa es mi apreciación). Pero si nos dirigimos por el camino de la ciencia; el psicoanálisis ya advertía que el ser humano posee impulsos contradictorios entre eros y destrucción.

Sigmund Freud sostenía que la pulsión de muerte convive con la pulsión de vida, y que ambas se expresan simbólicamente en la fascinación por la tragedia. Desde esta perspectiva, el interés obsesivo por noticias violentas no sería una anomalía, sino una manifestación de tensiones internas que la sociedad comparte.

A nivel sociológico, el espectáculo mediático transforma los hechos en productos de consumo. Guy Debord describió la modernidad como una “sociedad del espectáculo”, donde la realidad se sustituye por representaciones que se consumen pasivamente.

El accidente deja de ser solo un evento trágico para convertirse en un relato reiterado, analizado y comentado hasta el agotamiento. Cada repetición no informa: seduce, fija la atención y convierte el dolor ajeno en objeto de contemplación.

También es pertinente recordar la advertencia de Marshall McLuhan: “el medio es el mensaje”. La forma en que se transmite la noticia influye más que el contenido mismo.

“El video”, la repetición en bucle, los titulares alarmistas (era una deportista calificada, eso ¿la hace más?) y la inmediatez digital amplifican la emoción colectiva. Así, el acontecimiento deja de pertenecer a sus protagonistas y pasa a formar parte de una narrativa pública que se alimenta del impacto visual y la reacción instantánea, el morbo…

Desde una perspectiva filosófica, esta dinámica puede relacionarse con la banalización del mal descrita por Hannah Arendt. Cuando la tragedia se vuelve cotidiana en la pantalla, el espectador corre el riesgo de normalizarla. No porque la apruebe, sino porque la repetición reduce su capacidad de asombro y de reflexión ética. El peligro no es solo la violencia del acto inicial, sino la insensibilización progresiva de quienes lo observan.

Por ello, más que centrarnos únicamente en el culpable o en los detalles del suceso, conviene examinar nuestra propia reacción como sociedad. Una alarmante carencia de respeto y privacidad por la tragedia ajena.

 El interés desmedido por estas historias revela algo sobre nuestra sensibilidad colectiva, sobre aquello que nos atrae, nos inquieta y nos mantiene atentos. El morbo, en este sentido, funciona como termómetro moral: no mide la gravedad del hecho, sino la intensidad con que lo consumimos.

La tragedia es real (dos familias destruidas y una srta fallecida), y el dolor es irreparable, pero el modo en que la sociedad la mira, la comenta y la reproduce también forma parte del fenómeno. Comprender esa mirada —sus impulsos psicológicos, sus mecanismos mediáticos y sus implicaciones éticas— quizá sea el primer paso para transformar no el pasado, que ya no puede cambiarse, sino la conciencia con que enfrentamos el presente.

Quería precisar que, por una cuestión de ética y respeto, no mencionaré los nombres de los afectados. Mucho menos me permitiría enviar saludos ni expresar condolencias impostadas, como si existiera un vínculo personal con esas familias. El dolor ajeno no es un escenario para el protagonismo ni un espacio para aparentar cercanía, no aparentar... Al fin y al cabo, la población en mi distrito siempre se ha caracterizado por que aquí nadie se mete con el vecino, la gente es muy distante, fría,  pero educada. 

 

 

sábado, 1 de marzo de 2025

VERGUENZA MUNDIAL !!!!!!!!!!!!!!!!!! (la inoperancia) Autor: Enrico Diaz Bernuy | Breve artículo ---------

 

Se alinearon los planetas para mostrarnos

 más sobre la estupidez humana

(El negocio de la guerra)

VERGÜENZA MUNDIAL

 

Hablar con los brazos cruzados es una señal de estar a la defensiva, como un escudo que eriges para impedir que los demás entren en tu círculo de vida. Si vas a pedir un favor o a buscar una alianza, al menos deberías adoptar una postura más empática, porque todo lo que haces con gratitud tiene consecuencias similares.

No ganas nada impostando la voz y volviéndola grave, como queriendo decir: "yo soy muy duro". Esa actitud solo revela soberbia y genera distancia con los demás. Pero estas cosas no se le pueden decir a un exactor cómico que hoy es presidente de un país.

Por otro lado, frases como:

  • "Usted me está levantando la voz."
  • "Usted está jugando con la vida de millones de personas."
  • "El gobierno lo ha ayudado con miles de millones de dólares y no muestra ningún gesto de agradecimiento." (No se compromete a devolver ese dinero.)
  • "No muestra nada de gratitud."

Son de una gravedad que no admite refutación, porque revelan que quien está cruzando la línea es él: el pedigüeño.

El problema no es solo el ridículo en el que queda, sino la falta de sencillez que se evidencia incluso en su forma de vestir. Podrías decir que son detalles sin importancia, pero en cualquier acuerdo —sea de negocios o de paz— todo cuenta. Es lamentable que un país esté tan mal representado.

Si visitas a un grupo de nadadores con la intención de hacer un pacto o acuerdo, no parecería muy empático de tu parte ir vestido como un esquimal.
No pensó o no se asesoró sobre con quién iba a hablar es un megaempresario.

De el escenario que estoy hablando es similar a un vecino conflictivo que si tiene problemas con alguien, él quiere que todos tengan problemas con esa persona. Como los siguiente:

El Vecino Conflictivo que Quiere Arrastrarnos a su Pelea

Todos conocemos a alguien así. Ese vecino que un día tiene un problema con quien vive a su lado, pero en lugar de resolverlo como un adulto, decide que no será una simple disputa entre dos. ¡No, no, no! Su ego no le permite perder, así que, en su infinita cobardía, (rehén del miedo) toca las puertas de los demás, buscando aliados para su pequeña cruzada.

—Vecino, ¿sabe usted que Fulano de Tal es un peligro para el barrio? ¿No le parece que deberíamos hacer algo?

El pobre vecino al que acaban de despertar con semejante queja apenas si conoce a Fulano de Tal. Pero nuestro protagonista, con una capacidad innata para la manipulación y el drama, le mete miedo, le promete un desastre inminente y lo convence de que si no se une a su cruzada, él también será una víctima.

—Si usted no está conmigo, entonces está contra mí.

Y así, de un simple altercado entre dos, se crea un conflicto a gran escala. Porque, claro, el vecino conflictivo no es de los que pelean solo. Él no va a arriesgarse, ni a tomar el golpe directo. Prefiere que sean otros los que lo hagan por él. Como un titiritero experto, manipula la situación para que todos terminen odiando a su enemigo, incluso aquellos que ni lo conocían.

¿Y qué pasa cuando el barrio entero está en llamas? ¿Cuando los problemas que él creó ya no pueden deshacerse? Ah, bueno, ahí él pone cara de víctima y dice:

—¡No es mi culpa! Yo solo quería justicia.

Claro, una "justicia" que convenientemente lo beneficia a él y destruye a los demás. Y lo mejor de todo: cuando las cosas se salen de control, no es él quien sufre las consecuencias. Es fácil jugar a ser el valiente cuando son otros los que reciben los golpes.

Lo mismo ocurre en la política internacional. Hay líderes que no buscan solucionar sus conflictos, sino arrastrar a todo el mundo a su guerra personal. No les importa si estallan crisis económicas, si los ciudadanos de otros países sufren, si se compromete la paz mundial. Todo lo que importa es que su ego no sufra una derrota.

Y así, en este vecindario llamado mundo, hay quienes no quieren simplemente llevarse mal con su vecino. Quieren que todos peleemos su pelea, sin importar el costo.

 


y todavía levanta la mano... 
La bestia !!  (por bruto)

 

Comprendo que todos podemos carecer de conocimientos en determinados temas, pero lo verdaderamente inaceptable e irresponsable es desestimar la posibilidad de asesorarse con quienes poseen mayor conocimiento que uno. Especialmente cuando se cuenta con todos los recursos para hacerlo. Tal negligencia no merece indulgencia alguna, (vergüenza mundial)

Más aún cuando está en juego la vida humana y, bajo el pretexto de defender la patria, se opta por el genocidio de su propio pueblo. Si eso no constituye la más abyecta perversión, (satanismo) entonces, ¿de qué estamos hablando?